domingo, 18 de octubre de 2015
MOMENTO 3 análisis critico de la política y la corrupción en Colombia.
La moral y la ética se complementan mutuamente, sin embargo hay que estudiarlas y entenderlas por separado, puesto que, a pesar de que una buena parte de la sociedad las entiende cómo lo mismo, son dos conceptos distintos que hacen referencia a dos niveles diferentes de la reflexión y del lenguaje. La moral "hace referencia a las normas y reglas de conducta que pretenden regular las acciones concretas de los hombres." Por otra parte, "la ética reflexiona sobre las normas morales. No se ocupa de qué debe hacerse sino de si es necesario que haya normas y, en ese caso, por qué hay unas y no otras." La moral es el objeto de estudio de la ética.
Teniendo en cuenta que ya se tienen los conceptos claros de ética y moral se puede tomar una postura crítica sobre el tema planteado anteriormente en este blog, ya que es un problema muy común en nuestra sociedad colombiana, la corrupción es un común denominador en todas las regiones del país pero este problema debe ser analizado desde muchas perspectivas.
Sería muy largo y pretencioso analizar la alcurnia que diera cuenta del cómo se ha ido configurando este tipo de ciudadano-votante, en las últimas décadas. Lo que sí se puede atrever a sostener es que se trata del resultado de sociedades altamente complejas y estratificadas, en donde predomina un tipo de individualismo escasamente socializado y sensibilizado en cuanto a pensar una sociedad y la realidad que lo rodea, en términos generales de justicia, solidaridad y bienestar social, que a ratos se asemeja equivocadamente con la caridad. Además de esto se evidencia un predominio del conservadurismo político, no tan sólo en un plano institucional sino también en un plano personal.
Lo anterior se explica en que por lo general cada ciudadano realiza una evaluación de una determinada política pública en relación a cómo me va a afectar personalmente y no en términos del beneficio ciudadano o público de mayor beneficio. O bien, que contemple la consideración de conceptos aplicables como el desarrollo humano y un desarrollo sustentable. Una explicación posible de por qué opera de éste modo es la prescindencia de un “velo de ignorancia” que nos permita revisar, pensar y analizar la vida en comunidad de una manera abstracta, en donde cada persona reflexione acerca de cómo conseguir una convivencia armónica, justa y en libertad.
Para ello, se requiere que cada sujeto abandone su condición actual; su clase social, que no sepa dónde va a nacer, que no tenga conocimiento del nivel de estudios de sus padres o de su nivel intelectual, sus cualidades físicas, ni tampoco de las circunstancias que van a rodear su vida, en fin. Bajo esta propuesta teórica, por ejemplo, no tiene ningún sentido preliminar que un empresario argumente de que siempre es conveniente disminuir los impuestos para incentivar la actividad económica, que un trabajador se encuentre a favor de entregar más poder a los sindicatos o que los profesionales pretendan ser retribuidos también, según su aporte a la sociedad y no bajo criterios estrictamente economistas, propios del mercado del trabajo, puesto que no se sabe qué lugar vamos a ocupar en la sociedad. El asunto decisivo es prescindir de nuestras coordenadas socio económicas y culturales, para construir una sociedad justa por medio de instituciones que contengan y neutralicen las diferencias propias de la fortuna o el azar de la naturaleza.
Por lo tanto, a lo menos es un incentivo para pensar agudamente sobre cómo promover una sociedad justa y en libertad, puesto que si no sé qué me deparará el destino en lo social, al menos no me gustaría que el lugar menos cómodo o confortable, sea “un infierno en vida”. O bien, que no haya diferencias tan radicales, como las realmente existentes, entre un lado y otro en la ciudad o entre las grandes urbes y las zonas rurales. Es decir, un cierto equilibrio democrático en lo político, pero también en lo social y en lo económico, en donde los individuos menos aventajados no sean condenados a la miseria y la exclusión de por vida, por no haber nacido o estudiado en un “lugar adecuado” o que predominen otros criterios para marginar y discriminar como el género o la etnia; si esto no cambia estaremos destinados al fracaso.
jueves, 1 de octubre de 2015
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